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Editorial: Los imperialistas bombardean, los trabajadores sangran – Destruyamos la maquinaria de guerra con el comunismo
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- 28 Marzo 2025 55 visitas
El 15 de marzo, menos de 100 días de su reino terrorífico, el “pacificador” Donald Trump desato una serie de ataques aéreos a Yemen, asesinando y mutilando a más de 100 trabajadores (NBC, 16/3). El asalto fue un desesperado intento por los imperialistas estadounidenses de recuperar el control sobre el Mar Rojo, vital ruta global de navegación. Este ataque muestra un movimiento hacia una guerra más extensa entre imperialistas estadounidenses y los patrones chinos, e iranies que apoyan a la milicia yemení hutíes. Mostrándonos que la versión “Fortress America” del imperialismo estadounidense, promocionada por Trump y sus partidarios capitalistas, no pueden salvar a los trabajadores de la sangrienta guerra mundial. Solo construyendo un movimiento internacional masivo para luchar por la revolución comunista podremos voltear este conflicto en una lucha por la liberación de nuestra clase.
Imperialistas Asesinan por Rutas Comerciales
El conflicto entre los. Patrones estadounidenses y chinos se ha venido agudizando por años, y son los trabajadores quienes pagan el precio. Yemen fue uno de siete países bombardeado por Barack Obama, el presidente que masacro miles de trabajadores defendiendo las ganancias y líneas de transporte de los patrones estadounidenses (vox.com, 10/1/17). Joe Biden continuo con el bombardeo de Yemen el año pasado, y ahora Trump continúa masacrando. Pero, después del desastre en Irak y Afganistán, los patrones estadounidenses no podrán asesinar a suficiente gente para frenar su declive en el petrolero Medio Oriente. Mientras tanto, China ha fortalecido su posición en la región como poder dominante debido a su apoyo a grupos proxy de Irán e Irak, la milicia hutí entre ellos (Atlantic Council, 14/1).
Con el bloqueo de los envíos de petróleo y otros productos por los hutíes en toda la región del Mar Rojo, los barcos estadounidenses se han visto forzados a tomar rutas más largas y caras rodeando el Cabo de Buena Esperanza en la parte más al sur de África. Mientras tanto, los tanqueros y barcos cargueros de China y Rusia, los dos rivales imperialistas más grandes de EE.UU., han podido seguir en la ruta del Mar Rojo, lo cual aumenta su ventaja (Foreign Policy, 24/2/24).
Conforme avanzan hacia la guerra, los patrones optan por aumentar el fascismo y racismo usando a inmigrantes y musulmanes como chivos expiatorios para dividir a la clase trabajadora y culparlos por la crisis internacional del capitalismo. Los ataques a los estudiantes e inmigrante que protestaron contra el genocidio en Gaza, junto con las barridas de la migra Gestapo y los planes de Trump de deportaciones masivas, son diseñadas solamente para crear miedo y racismo. Es esencial que la clase trabajadora luche contra estas atrocidades racistas uniéndose para defender a los trabajadores que estén bajo ataque.
Conforme la batalla entre imperialistas se expande, es aún más claro que la clase trabajadora internacional tiene el mismo interés en común: aplastar el sistema de ganancias y los parásitos capitalistas que lo sostienen. Los trabajadores que hoy en día mueren en Ucrania, Yemen, Sudan, y Gaza todos son de la misma clase. Pero, alrededor del globo, muchos trabajadores siguen el liderato letal de una u otra facción imperialista y nacionalista. Es tarea del revolucionario y comunista Partido Laboral Progresista, dar liderato a nuestra clase para romper estas cadenas y crear una sociedad dirigida por y para la clase trabajadora.
El Petróleo Sigue Siendo la Sangre del Capitalismo
Aunque Trump dice que quiere evitar las guerras en el Medio Oriente, los gobernantes estadounidenses no pueden perder el control sobre las más grandes reservas de petróleo en el mundo y las más baratas de extraer – o las rutas de envió que controlan su distribución. El petróleo sigue siendo la sangre del capitalismo. Las enormes flotas de tanques, camiones, aviones y barcos del ejército estadounidense siguen moviéndose debido al petróleo. Aun con el cambio y catástrofes climáticas el mundo seguirá necesitando los combustibles fósiles por tiempo indefinido. Mas allá de las aplicaciones militares, el gas y petróleo son las más abundantes y lucrativas formas de dar energía a industrias como el cemento y acero. En épocas de crisis económica globales, los capitalistas no van a sacrificar sus ganancias a corto plazo para cambiar a energías limpias renovables, que son solo una pequeña fracción de la producción industrial estadounidense (Energy Information Administration, 13/7/23). Goldman Sachs proyecto recientemente una “creciente demanda de gas natural como combustible de transición hasta el 2050, y la necesidad de nuevas formas de desarrollo del petróleo y gas más allá de 2040” (JP Morgan, 3/44). Hasta en Europa, donde los capitalistas financieros han dirigido la “transición” a la energía limpia, las acciones no han crecido ni en uno por ciento por año.
¡El Nacionalismo es una Trampa Letal!
Muchos trabajadores, por desesperación, y en vista de lo violencia racista de los patrones, se han aliado a los pequeños capitalistas bajo la bandera de la “liberación nacional”. Desde Vietnam hasta Sudáfrica, se ha comprobado que esta estrategia es un desastre para la clase trabajadora alrededor del mundo. Cada que se crean alianzas con capitalistas “menos malos” estos han destrozado la posibilidad de la emancipación de la clase trabajadora. En muchos de los casos estas alianzas han costado la muerte de millones de trabajadores.
En 1968, después de sacar a los imperialistas británicos, el Frete nacional tomo el poder en el sur de Yemen. Por identificarse con los patrones y la falta de confianza en la clase trabajadora, estos falsos revolucionarios mantuvieron el servicio civil creado por los británicos y utilizaron las fuerzas entrenadas por los británicos para aplastar a los trabajadores que habían creado una milicia de trabajadores revolucionarios. Hoy los patrones nacionalistas hutí, apoyados por Irán, están combatiendo al viejo régimen de capitalistas nacionalistas apoyados por las sanguijuelas reales de Arabia Saudita. El resultado: una guerra civil que ha asesinado a más de 300,000 trabajadores, todo para remplazar a un cruel opresor por otro.
A pesar de estas traiciones, el corazón solidario de la clase trabajadora persiste. Estudiantes universitarios en todo el país han arriesgado sus carreras y amenazas de deportación para protestar el genocidio anti-musulmán en Gaza. Aun cuando Mahmoud Khalil y otros valientes estudiantes han sido brutalizados en la cárcel, la clase trabajadora debe pelear aún más agresivamente para defender a nuestra clase. Mientras el régimen de Trump expande su reino de terror estatal, conforme las condiciones de trabajadores alrededor del mundo empeoran, debemos aprovechar la oportunidad de este momento. Mas que nada, debemos hacer un llamado para que nuestra clase construya el PLP. Si no nos comprometemos al antirracismo, y anti-sexismo, y a una revolución comunista, todas las batallas más valientes nos llevaran a una batalla reformista que bajo los términos patronales. Solo una clase trabajadora organizada con un punto focal revolucionario nos puede llevar hacia la liberación final: el comunismo. ¡Únetenos!
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BCC: hambriento por el racismo - Estudiantes sirven contraataque
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- 28 Marzo 2025 27 visitas
Han pasado casi dos años desde que tuvimos una cafetería en nuestro campus, ¡y los estudiantes y trabajadores están indignados! Estamos a mitad del semestre de primavera y, a pesar de las promesas de la administración, aún no podemos comprar comida sin caminar diez minutos hasta la carísima tienda de comestibles cercana. En respuesta, nuestro club estudiantil, junto con los trabajadores del campus, se prepara para intensificar la lucha contra esta austeridad capitalista racista.
Es evidente que, bajo el capitalismo, nuestra salud y bienestar son de poca o ninguna importancia para los patrones. El Partido Laboral Progresista (PLP) lucha por construir una lucha popular para exigir nuestras necesidades inmediatas junto con compañeros trabajadores y estudiantes, y por fomentar la comprensión de que solo una sociedad comunista dirigida por los trabajadores puede garantizar una nutrición saludable para toda nuestra clase.
La despensa popular refleja el comunismo en acción
Como se informó en un número anterior de DESAFIO [15/1], nuestro club ha estado organizando a los estudiantes para luchar contra los jefes racistas del campus, quienes solo nos han ofrecido excusas para justificar por qué los estudiantes y trabajadores del campus no pueden comprar nada que no sea de una máquina expendedora. En lugar de opciones asequibles, nutritivas y saludables, los estudiantes, el 98% de los cuales son negros o latinos, se ven obligados a comprar basura a precios excesivos en máquinas expendedoras que envenenan sus cuerpos.
En respuesta a esta negligencia racista, organizamos una Despensa Popular al final del semestre pasado para repartir refrigerios saludables a los estudiantes. Gracias a las donaciones de estudiantes y trabajadores, alimentamos a cientos de estudiantes mientras se preparaban para los exámenes finales. En contraste con las mentiras de los patrones sobre que el comunismo no puede funcionar porque los trabajadores son “desorganizados” o “individualistas”, ¡nuestra despensa demuestra el éxito de la organización comunista en acción!
Hemos continuado con esta importante labor este semestre, instalándonos en la biblioteca los miércoles. El apoyo a la Despensa ha sido asombroso. Con el paso de las semanas, el movimiento ganó fuerza, ya que los usuarios habituales de la Despensa pedían, frustrados, información actualizada sobre el progreso de la cafetería, o su ausencia, y recibían la misma respuesta. Probablemente no pronto.
Ampliar la lucha: apuntar al capitalismo
Esta semana planeamos intensificar nuestra lucha con una manifestación y una marcha. Comenzaremos fuera del campus, donde podremos atraer a miembros de la comunidad, que es un desierto alimentario en sí mismo y donde muchos residentes sufren inseguridad alimentaria y de vivienda racista. Después de la manifestación, marcharemos al edificio de administración para denunciar directamente al presidente y a sus secuaces por no garantizar la disponibilidad de alimentos en nuestro campus. Finalmente, instalaremos nuestra despensa para seguir sirviendo a estudiantes y trabajadores.
El periódico DESAFIO ha estado presente en la despensa y ha contribuido a generar muchas conversaciones interesantes con estudiantes y trabajadores. Hemos hablado de la importancia de fomentar la confianza en los estudiantes para fortalecer nuestra capacidad y así lograr esta reivindicación. Hemos hablado de cómo la administración es, en esencia, enemiga de los estudiantes y trabajadores, y solo sirve para poner excusas y hacernos aceptar la austeridad racista como norma. También hemos analizado las conexiones entre la situación en nuestro pequeño campus y eventos geopolíticos más amplios.
Establecer estas conexiones es crucial porque vincula el racismo que experimentamos en nuestro campus con el imperialismo estadounidense. Hemos mencionado que Estados Unidos ha enviado más de 20 mil millones de dólares a Israel, y sin embargo, no tenemos una cafetería, y los estudiantes han respondido con entusiasmo. Uno de los cánticos de nuestra próxima manifestación es “¡Del Bronx a Palestina, la desnutrición es un crimen!”. La brutalidad racista del capitalismo se manifiesta de muchas maneras, y vincularlas fortalece la solidaridad y la conciencia de clase que necesitamos para construir nuestro movimiento y nuestro Partido.
La emoción crece a medida que nos preparamos para aumentar nuestra justa ira y atribuirla a nuestra administración de poca monta y al sistema capitalista, racista y grande. Enviaremos un informe para el próximo número de DESAFÍO y mantendremos a la clase trabajadora informada sobre los pequeños pasos que estamos dando en el Bronx para derrocar el capitalismo y reemplazarlo con el poder obrero.
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¡El Estado patronal construye muros, nosotros construimos solidaridad!
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- 28 Marzo 2025 27 visitas
Baltimore,MD, 18 de marzo—«Derribad el ICE, derribad los muros» fue uno de los muchos y animados consignas de llamada y respuesta con los que más de 100 personas desafiaron el papel de la detención del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en el edificio federal George H. Fallon de Baltimore. Los inmigrantes detenidos en este agujero infernal son retenidos durante días sin camas ni duchas en violación de la propia norma de detención de 12 horas del Departamento de Seguridad Nacional desde que Maryland cerró su centro de detención de inmigrantes junto a la prisión de máxima seguridad del estado. Los miembros del Partido Laboral Progresista (PLP) han estado apoyando la lucha legislativa para que Maryland ilegalice los acuerdos 287G que diputan a los policías como agentes de inmigración.
Al mismo tiempo, en este mitin, también compartimos con nuestros amigos más de 30 periódicos de DESAFÍO que llamaban a la revolución comunista como la solución a los ataques fascistas contra los inmigrantes por parte del estado capitalista. Tuvimos el placer de formar parte de un mitin que incluía a muchos grupos con los que hemos estado trabajando, incluyendo a nuestros amigos de la coalición Miércoles West (West Wednesday) que lucha contra los asesinatos policiales, estudiantes filipinos a los que nos hemos unido para luchar por los derechos humanos en Filipinas, y miembros de CASA (defensores de los inmigrantes) con los que hemos trabajado muchas veces. La prensa patronal, como de costumbre, ignoró esta importante manifestación y sólo mencionó una conferencia de prensa anterior - claramente no queriendo inspirar un enfoque más militante para luchar contra el fascismo en este momento crítico. La lucha para ganar a muchos de nuestros amigos en estos grupos a una visión comunista del futuro y para que se unan a nuestro Partido que está construyendo ese movimiento ¡continúa!
Miles de trabajadores furiosos protestan por la detención y la amenaza de deportación de Mahmoud Khalil, estudiante de posgrado y titular de una tarjeta de residencia permanente, quien comenzó su vida como refugiado palestino en Siria y lideró manifestaciones en la Universidad de Columbia contra el genocidio israelí en Gaza. Khalil no cometió ningún delito, pero se le llama una amenaza para la seguridad y partidario del terrorismo, términos que se han utilizado para silenciar violentamente a los trabajadores a lo largo de la sangrienta y genocida historia de Estados Unidos. A medida que el imperialismo estadounidense se debilita frente a los imperialismos rivales ruso y chino y se avecina una guerra mundial, el régimen de Trump amenaza con que esta será la primera de muchas deportaciones por venir.
El aparato de deportación que Trump utiliza hoy para atacar a Khalil y perseguir a más estudiantes antirracistas fue construido por los presidentes liberales Clinton, Obama y Biden, pero esto no es nuevo para la clase capitalista estadounidense; Estados Unidos ha estado deportando a la fuerza a trabajadores desde su creación. Los patrones utilizan las deportaciones masivas y racistas como herramientas para aumentar sus ganancias, reducir los salarios, fomentar el racismo y el nacionalismo, y sofocar la oposición de la clase trabajadora (Multiracialunity.org, 7/5/16). A continuación, analizaremos la historia de las deportaciones en Estados Unidos, la actualidad en Columbia, las limitaciones de una perspectiva nacionalista y por qué unirse al Partido Laboral Progresista, comunista y revolucionario, y derrocar el capitalismo es la única solución.
Racismo y deportaciones: prácticas establecidas en Estados Unidos
Desde 1882, Estados Unidos ha forzado la expulsión de casi 57 millones de personas, más que cualquier otro país del mundo. La gran mayoría fueron salidas “voluntarias”, es decir, ordenadas por las autoridades federales. En los últimos 100 años, se ha expulsado a más personas que a las que se les ha permitido permanecer en Estados Unidos de forma permanente.
A medida que el genocida “destino manifiesto” de Estados Unidos y las décadas de exterminios masivos durante las “Guerras Indias” llegaban a su fin, los capitalistas estadounidenses consolidaban su dominio sobre el territorio continental de Estados Unidos, y el mecanismo moderno de deportación se puso en marcha con la Ley de Exclusión China de 1882. Para 1870, el veinte por ciento de la fuerza laboral de California provenía de China, pero ya no eran necesarios a medida que crecía la población nativa. La ley no solo restringía la inmigración, sino que también negaba la ciudadanía o el derecho a contraer matrimonio con una persona no china, incluso a los residentes de larga data.
Más de 22.000 inmigrantes sufrieron la revocación de su ciudadanía entre 1906 y 1967, la mayoría de las veces por motivos políticos. Aterrorizados por el éxito de la Revolución bolchevique de 1917, los líderes estadounidenses atacaron a los líderes de izquierda. Quizás el caso más famoso sea el de la anarquista Emma Goldman, y casi 250 izquierdistas fueron deportados a la entonces Unión Soviética bajo el régimen comunista ese mismo año.
Miles de personas fueron deportadas bajo la Ley de Nacionalidad de 1940, y en 1952, durante el macartismo, el Congreso aprobó la Ley de Inmigración y Nacionalidad, también conocida como Ley McCarran-Walter, que exigía a los solicitantes de ciudadanía demostrar su lealtad constitucional. Una de las víctimas más conocidas, la comunista nacida en Trinidad, Claudia Jones, fue expulsada en 1955.
A pesar de que los inmigrantes indocumentados son vitales para las industrias de la agricultura, la construcción y la atención médica a domicilio, Trump está fomentando el racismo y el nacionalismo al resucitar la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, que permitía a un presidente expulsar a extranjeros durante una “guerra declarada”, incluyendo a residentes de larga duración, sin ninguna audiencia ni debido proceso. La Corte Suprema ha dicho en el pasado que la Ley solo puede usarse durante una “invasión o incursión depredadora”, pero eso es exactamente lo que Trump llama a los inmigrantes: una invasión, especialmente a aquellos que cruzan la frontera sur.
Mahmoud Khalil y el antiimperialismo
El hecho de que un estudiante exprese o no su simpatía verbal por Hamás no constituye actualmente una base legal para su arresto, sanciones académicas ni deportación. Sin embargo, Khalil declaró en una entrevista con la CNN: «Creo que la liberación del pueblo palestino y del pueblo judío están entrelazadas y van de la mano, y no se puede lograr una sin la otra». Aunque no conocemos personalmente a Khalil y desconocemos si con esto quiere decir que apoya un único estado binacional con igualdad de derechos o si considera que un estado islámico bajo el control de Hamás es deseable para los palestinos, al menos no cree que un estado de ocupación y guerra continua beneficie ni a israelíes ni a palestinos.
El PLP lucha más allá de las posturas de los grupos que lideraron las protestas estudiantiles en Columbia y a nivel nacional, al luchar por un partido de masas para el comunismo, la única fuerza que amenaza al imperialismo y el genocidio. La mayoría de estos grupos están comprometidos con el “derecho a la autodeterminación”, una postura común de la mayoría de los grupos de izquierda hoy en día, pero carece de un análisis de clase del capitalismo. La “autodeterminación” o el “nacionalismo de los oprimidos” argumentan esencialmente que los capitalistas estadounidenses son malos, pero que los capitalistas de Palestina, Sudán, Haití o China están bien, sin distinción entre trabajadores y patrones.
El capitalismo es un sistema basado en la explotación de la clase trabajadora por un pequeño grupo de propietarios, y tanto las naciones imperialistas como las colonizadas están muy divididas. Incluso dentro de las naciones del “núcleo imperialista”, la gran mayoría de la población es explotada y reprimida. Los estudiantes de Columbia lo saben, al igual que cualquiera que protestó por George Floyd o con los mineros del carbón en Alabama. Los trabajadores de las naciones imperialistas tienen mucho más en común con los trabajadores de las naciones colonizadas o excolonizadas del llamado Sur Global. El PLP respalda el lema revolucionario de Marx: “¡Trabajadores del mundo, uníos!”.
La segunda falacia, sin embargo, es que estas mismas divisiones de clase no existen en naciones colonizadas u oprimidas, como Palestina, Sudán o Haití. Por ejemplo, el movimiento pro-Palestina fuera de los territorios ocupados expresa un apoyo incondicional a Hamás, principalmente basándose en que son los líderes de una sociedad oprimida y, por lo tanto, no pueden ser criticados.
Sin embargo, las instituciones y los representantes de los imperialistas siempre están profundamente arraigados en las instituciones políticas y financieras de estas naciones, ya sea antes o después de las batallas de liberación. En todos los estados donde las luchas de liberación nacional han triunfado, desde Sudáfrica hasta Argelia, El Salvador y muchos más, las condiciones son igual de malas o peores, a pesar de contar con clases dirigentes de la misma etnia. La estructura económica local sigue ligada a instituciones imperialistas internacionales como el FMI —o cada vez más a China— y las economías siguen limitadas a la extracción de recursos.
En Palestina, Fatah, el partido gobernante abiertamente corrupto de Cisjordania, está en connivencia con los gobernantes israelíes y su policía rabiosa. Hamás, el grupo islámico que gobierna Gaza, ha aceptado millones de dólares de Israel tanto al entrar en Gaza en 1987 como en los últimos años para que Israel pudiera promover las divisiones palestinas. Hamás gobernó Gaza imponiendo impuestos exorbitantes a la población y reprimiendo a la oposición. Muchos líderes viven en la opulencia en Qatar, mientras que la mayoría de la población padece inseguridad alimentaria. Y aunque muchos gazatíes admiran la valentía de los combatientes de Hamás, existe una repulsa generalizada por las consecuencias.
El movimiento comunista que merecemos
Es engañoso afirmar que todos los gobernantes que se oponen a Estados Unidos se preocupan por los intereses de cualquier trabajador, incluso los suyos propios. Todos los trabajadores de las naciones imperialistas y oprimidas son víctimas del capitalismo, y debemos unirnos como hermanos de clase para derrocarlo. A medida que Estados Unidos pierde terreno frente a China en productividad e influencia en gran parte del mundo y se acerca la guerra interimperialista, la represión fascista será necesaria, independientemente de los políticos que estén en el poder. ¡Únete al PLP y lucha para unir estas luchas en un movimiento antiimperialista de masas por la revolución comunista!
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Ataques antiinmigrantes en el Reino Unido: LOS TRABAJADORES NO TIENEN NACIÓN
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- 28 Marzo 2025 30 visitas
Las luchas de los inmigrantes en el Reino Unido están profundamente conectadas con las contradicciones más amplias del capitalismo: la opresión, la desigualdad y la superexplotación racista. El Partido Laboral Progresista afirma que estos problemas no son desgracias aleatorias, sino que las políticas migratorias y las fronteras están diseñadas para servir a los intereses de las clases dominantes nacional-imperialistas, cada vez más fascistas, desde Estados Unidos hasta Europa, y de sus socios menores en las clases dominantes de todo el mundo. El capitalismo prospera gracias a la mano de obra barata, las divisiones dentro de la clase trabajadora y la búsqueda de chivos expiatorios en los inmigrantes para desviar la atención de sus fracasos y controlar la mano de obra y los recursos.
Explotación económica y lucha de clases
El capitalismo somete constantemente a los inmigrantes a condiciones económicas de explotación. Las personas altamente cualificadas y con formación suelen verse relegadas a empleos precarios y mal remunerados. Los empleadores se aprovechan de su vulnerabilidad sometiéndolos a malas condiciones laborales y una mínima seguridad laboral. Los contratos de cero horas, el robo de salarios y los entornos laborales peligrosos afectan desproporcionadamente a los trabajadores migrantes, perpetuando un sistema que prioriza las ganancias sobre las personas.
El Partido Laboral Progresista lucha por el fin de las políticas migratorias antiobreras, por una mayor protección laboral, por la sindicalización y por la erradicación de las condiciones laborales explotadoras. La lucha de los inmigrantes es inherentemente una lucha de clases: tanto los trabajadores migrantes como los nativos deben unirse contra su enemigo común: la explotación capitalista. Sin embargo, nuestro objetivo a largo plazo es derribar todas las fronteras y luchar por un mundo comunista dirigido por y para la clase trabajadora internacional.
Retórica antiinmigrante y tácticas de divide y vencerás
Los capitalistas alimentan el sentimiento antiinmigrante para dividir a la clase trabajadora. Al culpar a los inmigrantes de los bajos salarios, la escasez de vivienda y la sobrecarga de los servicios públicos, desvían la atención de los verdaderos culpables: la avaricia corporativa, la privatización y las políticas de austeridad. La clase dominante se beneficia al enfrentar a los trabajadores entre sí en lugar de contra el sistema explotador que los oprime a todos.
El Partido Laboral Progresista se opone activamente a esta búsqueda de chivos expiatorios y defiende la solidaridad internacional de los trabajadores. Los desafíos que enfrenta la clase trabajadora en Gran Bretaña no se pueden resolver cerrando fronteras ni deportando inmigrantes, sino destruyendo el sistema capitalista que genera la desigualdad.
Controles fronterizos y el sistema de inmigración
El sistema de inmigración del Reino Unido está diseñado para servir a los intereses capitalistas, admitiendo selectivamente a trabajadores cuando es necesario, mientras que criminaliza y deporta a otros. Políticas como el “entorno hostil” empujan a los migrantes a situaciones precarias, exponiéndolos a amenazas de deportación y restringiendo su acceso a servicios esenciales como la atención médica y la educación.
Argumentamos que las fronteras funcionan como herramientas de la clase dominante para controlar la mano de obra e imponer la alienación. El Partido Laboral Progresista exige la abolición del capitalismo explotador y sus leyes de inmigración racistas, y lucha por un mundo donde todos los trabajadores, independientemente de su origen, tengan plenos derechos, incluida la ciudadanía. Esto solo se puede lograr en un mundo comunista donde todos los trabajadores del mundo ocupen el poder.
Vivienda y servicios sociales
Los inmigrantes se enfrentan a una discriminación generalizada en materia de vivienda, hacinamiento y falta de hogar. La falta de vivienda asequible no es consecuencia de la inmigración, sino de un sistema capitalista que prioriza las ganancias sobre las necesidades de las personas. La especulación inmobiliaria, la privatización de la vivienda pública y las medidas de austeridad del gobierno han alimentado una crisis de vivienda que afecta tanto a inmigrantes como a ciudadanos nativos.
Los comunistas exigen inversión estatal en vivienda social y control de alquileres, a la vez que luchan por el fin de la explotación de los propietarios. La lucha por una vivienda justa es parte esencial de la lucha más amplia contra la opresión capitalista. Bajo el comunismo, la vivienda no se alquilará ni se venderá con fines de lucro. Habrá vivienda gratuita, segura y de calidad para todos.
Racismo y represión estatal
El racismo sirve como herramienta de represión capitalista, reforzando la explotación económica y la exclusión social. La brutalidad policial, la vigilancia y la aplicación discriminatoria de las leyes migratorias se utilizan para intimidar y oprimir a las comunidades inmigrantes. Los centros de detención, las deportaciones y las restricciones a los solicitantes de asilo forman parte de la estrategia general del estado para criminalizar a los migrantes.
El Partido Laboral Progresista lucha por la destrucción de las instituciones estatales racistas y los centros de detención. Solo mediante una revolución comunista internacional, bajo la bandera del Partido Laboral Progresista, se podrá erradicar el racismo sistémico y la opresión capitalista.
¡Viva la clase obrera internacional y el Partido Laboral Progresista!